Atendiendo a un llamado muy personal, amoroso, intenso he íntimo, mientras peregrinaba en la fe cristiana católica, el actor Bladymar Vargas Marin, dando respuesta al mismo, sintió la necesidad inaplazable de dedicar su vida al servicio de hombres, mujeres y niños, siendo instrumento del Creador, en la transmisión de la fe. Como tambien de contenidos, superficiales y profundos sobre las diferentes áreas en relación con el hombre. 

Encontró en su profesión, una herramienta, que podría resultar idónea, si se usaba de manera adecuada, para tal fin.

Conciente de la realidad de los tiempos y con ella las diversas necesidades, exigencias y desafios que plantea para la la humanidad, decide emprender un viaje, en el que busca ser útil, luz y guia , en los diferentes procesos que experimenta el hombre, en su paso por esta tierra.

El amor al prójimo, la prufunda debilidad humana, el pecado y con ello la gran sed de perdón, reconciliación, santidad, la salvación de las almas, la trascendencia espiritual, el deseo de conocer, amar, servir y agradar a Dios, junto a la promesa de vida eterna, son más que motivos suficientes, para no querer quedarse quieto.

La pascua, ese experimentar la presencia de Cristo en nuestras más cotidianas realidades, hace de la vida un acontecimientro, único, pleno, extraordinario, es una gracia, un regalo inmerecido y más que una necesidad vital, concluye el máximo fin y gozo de nuestra existencia. 

Es así como nace, este movimiento espiritual apostólico, en el que día a día, se suman jóvenes y adultos, hombres y mujeres, que como él, por misericordia Divina,tienen el deseo de llevar a los demas la experiencia de una comprensión profunda, del sacrificio amoroso y redentor de Cristo en la cruz y su gloriosa y triunfante resurrección.

Asi como la dignidad de reconocernos hijos he hijas del Altísimo y Sumo Bien. 

Por tanto, somos un grupo de cristianos católicos, profesionales en el area del arte dramático, y en otras disciplinas, incluso no profesionales. Cuyo objetivo, no es otro distinto, a poner nuestros talentos y capacidades al servicio del Dueño de los mismos. 

Y de este modo, ser piedras vivas en la construcción del Reino de Dios.